
Son muchos
los gestos que se evocan en el Jueves Santo. Uno de ellos es el signo de
humildad y sencillez que realizó Jesús al lavarle los pies a todos sus
discípulos, diciéndoles que ellos se los deben lavar unos a otros, "en
verdad les digo que el siervo no es más que su señor, ni el enviado más que
quien lo envió" (San Juan 13, 16), y el sacerdote en la liturgia lava los
pies a doce feligreses.
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